Wee, aquí está el segundo capítulo de La Hoja Envenenada.Si os gustó el primero, espero que éste todavía más ^^.¿Qué nos desvelará este segundo capítulo sobre nuestra protagonista Nhemay?
Ya pasada la puerta y los guardias recelosos, Nhemay se detuvo en una callejuela, alejada de miradas indiscretas.
-Soo Mathor, descansemos aquí un poco.-le indicó al caballo, que se detuvo frenando en seco.
Nhemay se bajo de la silla, se cogió las rodillas y escondió la cabeza entre ellas.Dos lágrimas rodaron por su bello rostro."¿Qué estoy haciendo aquí? Solo soy una huérfana de esta maldita guerra, y lo único que tengo son las ropas de mi madre y mi fiel montura"-se compadeció a sí misma.
Therianath, un continente que destacaba por sus verdes praderas y sus montañas de afilados picos, donde se respiraba aire puro, estaba en guerra con el continente vecino, Natheria.La guerra empezó cuando el monarca de Natheria, Nazrael el Sanguinario, ascendió al trono asesinando a su propio padre, Raelnaz, por pura codicia.Se produjeron revueltas enteras en el país y pronto llegaron la pobreza y el hambre.Nazrael, en un intento de enmendar sus errores, exigió a Therianath diezmos, a lo que Alleinar, el monarca de Therianath, respondió con algunos vagones de provisiones.Sin embargo, Nazrael no estaba contento con eso.Quería más, mucho más y consiguió buscar una excusa para comenzar una guerra con el objetivo de conquistar Therianath:los elfos.Así era, Therianath estaba habitada por gráciles elfos, amantes de la naturaleza y de todo lo que les rodeaba.Nazrael acusó de egoísmo a los elfos y convenció a su pueblo que la culpa del hambre, de la sed y todos los males que los aquejaban era culpa de ellos.Y así comenzó la guerra.Nhemay vivía con su madre, cerca de la frontera de Therianath, en una casita junto a un lago, por lo que ellas no se enteraron de la nuevas."Cualquier elfo que ose adentrarse en Natheria, será eliminado"-fueron las tajantes palabras del cruel monarca.Apenas tuvo tiempo de escapar.¿Y por qué escapar? Muy sencillo:ella era una bastarda, era una semielfa, una mezcla de dos mundos, ya que su padre fue elfo.Él las abandonó cuando ella apenas tenía una año, y debido que su madre había vivido con él desde siempre en aquella casita, nunca se plantearon volver a Therianath.Los recuerdos de su huida eran confusos: su madre diciéndola que corriese, que escapase y que la quería mucho.Ella con su petate, con la ropa que su madre le entregaba mientras le decía que le sería de utilidad.Y la huida.Corrió a lomos de Mathor como alma que lleva el diablo, hasta alcanzar Therianath, donde su próxima meta era Antheria.
Nhemay se secó las lágrimas con las manos enguantadas.De nada servía llorar."Debería buscar una posada, Mathor está agotado y yo necesito reflexionar en tranquilidad, mañana tomaré una decisión sobre mi futuro, con la mente más aclarada"-murmuró en voz baja, tanto para sí como para su fiel corcel.Volvió a montar a lomos de Mathor y partió en busca de cobijo, sin percibir que en la callejuela que acababa de abandonar, había una figura que la contemplaba mientras se alejaba, planeando para ella un futuro incierto, que tal vez no estuviera tan lejos como aquella muchacha pensaba...
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