martes, 9 de noviembre de 2010

Cartas extraviadas

Queridos Reyes Magos:
Os escribo porque siento en el corazón una espina clavada, una de esas tan chiquitita que no se aprecia a simple vista, pero que si aprietas se te clava y te aguijonea furiosamente.¿Porqué os sigo escribiendo? Sé  que esto es una carta que no llegará a ninguna parte, que se perderá en la bruma, en las mareas, como se pierden las hojas de los árboles mecidas por el viento.Se que no existís, me lo han dicho mil veces.Se os nombra en la Biblia, formáis parte de una tradición religiosa.Traéis la ilusión a miles de niños y personas durante la Navidad.No hay una manifestación física, no sois entes que se puedan ver.Pero yo quiero creer en vosotros, aferrarme a la esperanza de que estáis ahí, y aunque no sea de manera física, estáis en el fondo de mi mente y de mi alma.Me aferro a esa esperanza como se aferra un náufrago a un trozo de madera flotante.Estas Navidades, las pasaré como siempre con mi familia.Como debéis saber, yo y todos queremos regalos (¿quién no los quiere?) pero no estoy dispuesta a pedir y pedir.Yo ofreceré, traeré la ilusión a mucha gente en vuestro nombre y a cambio recibiré.Eso es lo que puedo esperar que suceda.Y es en lo que tengo fe.Recordaré a las personas que ya no están, y las que añoro con toda mi alma.Pero también celebraré con las que tengo, porque la vida sigue adelante, inexorablemente, y no somos nadie para detenerla, solo podemos vivirla y ser felices.Este año, me pido para mí un poco de paciencia, ya que ser impulsiva a veces es bueno, ya que te dejas guiar por los designios de tu alma, pero en exceso me da empacho.También me gustaría algo de azúcar para endulzarlo y que no sea tan amargo como este, y porqué no, algo de felicidad.Bueno, sin más preámbulos, me despido de vosotros.Con cariño,
¡Feliz Navidad!(aunque igual es un poco pronto)

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