viernes, 23 de abril de 2010

Miradas

Sus miradas se encontraron.La de él, rezumaba de odio, un odio ancestral, pero también de...¿amor?.No, no podía ser.La de ella, suplicante, con una chispa de esperanza brillando en sus ojos esmeraldas.Relajó los músculos, sus brazos fueron cayendo a los costados, sin fuerzas ya para sostener más tiempo las dagas, que se le resbalaron de los dedos.Un suspiro escapó de sus labios, revelándole sus sentimientos.Entonces él también dejó caer la armas al suelo, con un tintineo antes de quedarse quietas totalmente.Dio un paso al frente.Ella lo imitó.Al fin, sus manos se encontraron, venciendo así la barrera que los separaba, una barrera que ellos no habían creado, sino sus antecesores.Una barrera que ellos habían roto en en mil pedazos y que no tenían intención de recomponer.El anguloso rostro de él descendió, quedándose a un palmo del de ella.Observo sus ojos esmeraldas, vivos como la vida misma, con una chispa en ellos que los hacía brillar con luz propia.Unas largas pestañas.Ella también lo observó.Ojos castaños, como las hojas de los árboles en otoño, que relucían con un brillo de astucia y ternura.Entonces él posó sus labios sobre los suyos, regalándole un beso, dulce como la miel, delicado como una mariposa, ardiente igual que el fuego de sus corazones.Un beso que ella correspondió, sin miedo a las consecuencias.Las manos de ella se enredaron en su pelo bruno,liso, pero con mechones rebeldes sin ningún control.Ocultos tras los troncos de los árboles, se olvidaron del mundo exterior.Solo estaban ellos dos y el bosque.Mientras, la noche se cernía sobre ellos y la luna los iluminaba con su luz argéntea.

  
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